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viernes, 14 de octubre de 2016

"El Rock es más fácil para las mujeres"




Por Cristha Quijivix

Hacer música quiere ovarios. Ser mujer haciendo música no es como algunos creerían, una posición privilegiada. No tenemos más público, no se nos abren más espacios, no es glamuroso ni rosa. Estar en este camino es muy gratificante pero para nada fácil, menos en Guate.

Últimamente he observado un pequeño paso hacia adelante que se ha dado en la escena musical del ámbito independiente y es que ya es más aceptado pagar entre Q20-Q30 por ir a un toque (lo que antes era inconcebible). Con lo que se junta, pagás el sonido, lo repartís con las otras bandas, cada banda con sus integrantes y si fue buena noche; con suerte, pagas el parqueo y una chela.

Y digo pequeño paso porque siguen siendo las mismas caras las que ves, el mismo público asistente, conformado de amigos cercanos, los mismos músicos que tocaron ese día y otros pocos que se quieren alimentar de nueva música.


No quiero meterme mucho al tema del público. Las personas que asisten, son las que quieren estar, aunque a veces toques frente a cinco personas. El público de Guate es un fenómeno que cuesta entender. Pero lo que sí tengo claro es que Música hay para todos los gustos, o como bien dice el dicho "en gustos se rompen géneros".

De quienes realmente quiero hablar es de los músicos. Gran parte de porqué el movimiento de música independiente en Guate no crece es porque no nos apoyamos entre nosotros. Hay mucha doble moral y mucho ego.

No asistimos a oír nuevas propuestas, cuando tocamos con otras bandas no nos tomamos la molestia de escuchar a la banda que viene después, somos nosotros mismos los que estamos afuera echando el chester cuando la otra banda ya está sonando. No respetamos horarios dejando a la última banda muy tarde, o a la primera cuando no hay nadie, robamos tiempo en el escenario y criticamos fácilmente porque prevalece el pensamiento de "algo que no me gusta a mí es automáticamente malo" y encima de todo nos creemos la mera mera y única nata (hablo en primera persona porque quién no haya caído en algo de lo anterior que lance la primera chancla).

Quienes han estado en esto, por el tiempo en que hayan estado, saben que no es fácil. ¿Porqué criticamos? y me refiero a esa usual crítica destructiva. Aún no comprendemos que la música es diversa y no sólo en género.

Hay bandas con trayectoria, emergentes, de diferente nivel musical, con diferentes propuestas, posibilidades, recursos económicos, músicos que viven de esto, otros que lo hacen por "amor al arte", con escuela, con calle, con apoyo, sin apoyo, composiciones con diferentes métricas, composiciones 4/4, instrumentales, letras banales o con mensaje social. Todos sonando bajo el idioma universal de la música.

Aún así persiste un pensamiento egocéntrico entre las bandas que no ayuda al crecimiento colectivo. Seguimos todos metidos en la olla de cangrejos, como bien dice una canción del Ishto. Esto no es una competencia, o al menos para mí nunca lo ha sido. Estamos aquí porque nos gusta y porque no podríamos hacer otra cosa.

El movimiento de música independiente en Guate, puede mejorar, pero tiene que ser un esfuerzo colectivo. Crezcamos, ensayemos, sonemos mejor, apoyémonos, cobremos justo, paguemos justo, asistamos.

*Cristha Quijivix: intérprete musical integrante de varios proyectos musicales como Naik Madera, Axis y Miss Lilith. Tiene más de 10 años participando activamente en la escena local. Es bajista, cantante y compositora. 

miércoles, 2 de abril de 2014

Un músico de verdad

Hoy quiero referirme a esa pregunta existencial sobre la vida misma: ¿Qué hace a un músico de verdad? ¿Qué lo vuelve "exitoso"? y en nuestro medio local qué es "tener éxito" y dejar de ser considerado amateur. Solo analizo diferentes puntos de esta cuestión y espero que ustedes me ayuden a comprender de manera colectiva a lo que nos referimos. Veamos a dónde nos lleva este ejercicio creativo...

AFICIONADO, AMATEUR O MÚSICO NO COMPROMETIDO

Las bandas como Kalafia luchan por más espacios en bares para proponer su música

Resulta que en Guate existen muchos tipos diferentes de músicos. No es de extrañar que de miércoles a sábado encontremos una docena de bares y restaurantes que den lugar a músicos jóvenes que tocan covers, repertorio de baladas, cumbias, ska, rock clásico y uno que otro que se atreve a tener puro repertorio original. En fiestas, en 15 años, en convivios, hay de todo y la abundancia de bandas no es ningún secreto. Pero no todos son iguales, algunos le meten "mosh" a su "afición" durante unos cuantos meses y luego tiran la toalla y consiguen una nueva afición a la cual dedicarse. Estos son los generalmente más reemplazados por muchos otros que tendrán el mismo ciclo de dedicación. ¿Serán estos músicos amateurs o aficionados?

Sin embargo, muchos otros más dedicados, que toman un instrumento por vocación, componen canciones, tienen conceptos creativos diferentes, muchas veces ni siquiera alcanzan un escenario. Las razones son muchas: algunos por convicción no quieren interpretar su música al gran público (he conocido a varios así); otros no reciben oportunidades en buenos días y horarios porque "la gente no quiere eso, quiere un cumbión para bailar" o alguna excusa similar de parte del dueño de algún bar; otros más, como si de un chance se tratara, piden que el músico tenga experiencia, pueda tocar durante tres horas y otros requisitos torpes, para luego pagar un mínimo, casi migajas. En fin, excusas y razones son muchas.

De todo lo anterior, habría que preguntarse entonces: ¿Vale la pena ser músico en condiciones como estas? Y lo pregunto de manera propositiva. Veo a mi alrededor en la actualidad, y veo quizá unas 30 o 40 bandas que sí están recibiendo pagos, que las están contratando para fiestas, que sí están "haciéndola" y entonces ahí viene la verdadera inquietud: ¿Es posible tener "éxito" en Guate?

YA LA "HICIERON" CON LA MÚSICA

Hay espacios en bares, ahora como "la hacemos"

Es muy interesante. Difícilmente la gente (incluso los periodistas dedicados a cubrir las fuentes culturales y musicales) podría señalar a bandas o solistas que han tenido éxito en los últimos tres o cuatro años, sin recurrir a las bandas históricas de Guate. Quiero decir, algunos pegan con una rola por aquí y por allá, pero en general el "gran público" ignora del movimiento musical que existe y que hoy está más activo que nunca. Los que "la hicieron" muchas veces lo sienten así porque tocan cada fin de semana frente a 40 o 50 personas en un bar de fijo y reciben "un salario" por hacerlo. Otros porque alguna organización les financió una producción con moderado alcance, pero al menos "salieron en la tele" y los más afortunados llegan a ser tomados en cuenta en nuestra famosa Guerra de las Cervezas. Hay algunas bandas pequeñas que son invitados como teloneros y que han logrado presentarse en diferentes ciudades del país. El problema es que rara vez la gente recuerda siquiera el nombre de estas agrupaciones.

Sin embargo, el común denominador nos indica que aún bandas "famosas" pese a tener éxito deben regalar sus CDs junto con la entrada para poder difundir su música, o hacer malabares para que la gente llegue a los toques.

¿Qué es tener éxito en Guatemala? Tocar covers por un salario, que te jalen a abrirle conciertos a otras bandas o simplemente publicar tu música y que la gente pueda apreciarla. ¿Qué opinan ustedes?

ADMIRACIÓN O PROFESIÓN

Espacios de difusión existen cada vez más

Conozco muchos músicos que son admirados por varias decenas de personas, pero lastimosamente eso no alcanza para que estos talentosos músicos puedan vivir "de su música". No hablo de Bohemia, de Alux o Viernes, sino de músicos "de a pie", que componen música original y se presentan en pequeños bares y van exponiéndose a pequeña escala. Al final, hay bandas que son "exitosas" pero nunca trascienden de verdad mientras otros a puro dinero, anuncios, compra de locutores y demás se vuelven "famosos" aunque al final no puedan jalar a un concierto más de 300 o 400 personas, a lo sumo.

¿Hacerla o no hacerla? ¿Tener éxito o tener profesión? ¿Qué opinan ustedes como afición, como fans?

lunes, 21 de octubre de 2013

Las increíbles aventuras de un músico de bar

Entre el humo de cigarros, risas estruendosas, choques del cristal de botellas y una avalancha de decibeles estridentes, nuestro héroe está inmerso en su mayor reto: tocar música. El relato que contaremos a continuación, puede asemejarse a la realidad, ha nacido de decenas de historias de colegas amigos y vivencias personales. ¿Están preparados para conocer las increíbles aventuras de un músico de bar guatemalteco?

Y ERA UN MÚSICO COMO OTROS...

Nuestro protagonista armó una banda. Tocan covers y una que otra canción original, quizá sean especiales quizá no. Pero han ensayado por espacio de unos cinco meses, disciplinadamente todas las semanas. No ahondaremos en todas las peripecias que cada integrante ha tenido que pasar para cumplir y aprenderse la música. Jalones, arruinadas del auto, préstamo de algún intrumento, incluso romper la alcancía para comprarse el ampli adecuado. Soportar las miradas de algunos, los comentarios y reclamos de vecinos que no quieren oír bulla durante su fin de semana. En fin. La música ha impulsado a este joven y sus amigos para hacer lo que les gusta. Aquel impulso, aquella obsesión, ellos quieren salir, tocar, darse a conocer. La novia de uno de los integrantes y los papás del baterista aseguran que tocan muy bien, que "deberían probar cantarle a algo más grande que el campo...", como para contextualizar a los más poéticos.

El impulso original nos llevó a hacer playeras y tocar donde hubiera espacio


Sí, por qué no han de tocar en algún bar, tienen talento y ellos han escuchado a bandas peores cuando salen con los cuates. Así que se deciden. Necesitan armar un toque. Ya tienen 10 canciones bien armadas, que suenan sólidas, así que ya pueden ir y darse a conocer. Pero, como la mayoría de cosas en la vida, no hay manual, no hay maestro, solo su impulso para ir a tocar puertas y ver qué sale. Consiguen el teléfono de dos bares, llaman, tratan de averiguar qué se necesita, qué se requiere para tocar. El dueño del bar no suena muy interesado, no pone sonido, no pone nada. Les da simplemente las condiciones: él necesita más de 50 personas garantizadas que paguen la entrada y que el consumo mínimo ya en el bar debe ser de Q50 (a veces más), él recibirá un 60% de lo que se cobre en la entrada y deben tocar al menos 2 horas y media, si cumplen con eso pueden tocar.

LA CONSTRUCCIÓN DE UN SUEÑO



Felices y emocionados, contactan a otros cuates con otra banda para llenar toda la noche de música. Ilusionados de lo "fácil" que fue, se preparan. Alguien es amigo de un diseñador, que les hace el favor de armarles el afiche y (dependiendo de la época de este relato) se arma un evento en Facebook o se comienza a volantear para convocar gente. Cada integrante convence a tíos, sobrinos, amigos y si es posible mascotas para que asistan. Entre las dos bandas pueden acarrear quizá a unas 50 o 60 personas, y con los que asistan casualmente ya podrán lograrlo.

Pero, ¿Quién pone el sonido? ¿A quién hay que contratar? ¿Nuestro equipo será suficiente para sonar bien? todas, preguntas válidas de novatos. Preguntando, cotizando, comparando se topan con la inquietud de que necesitan alquilar el sonido. Siempre hay alguien que conoce a alguien y surge la usual "coperacha" entre los integrantes de las dos bandas para pagar el sonido. Está todo preparado, quizá se logre compensar con los ingresos de la taquilla.

Más de 110 personas acudieron a un toque de Axis, en 2008
"Y sueños de gloria llenaron sus noches". Sí, casi no pudo dormir nuestro héroe, casi todo había salido bien, para ser un grupo que nunca había tocado antes. Ahora todo dependía de que el toque simplemente saliera bien. Practicar un poco, comer, preparar los instrumentos, subirlos al auto de quien le dará jalón para el lugar. Llegar tres horas antes. Poco a poco se van reuniendo, el sonidista también llega y comienzan a acarrear todos los instrumentos hasta el lugar: subir gradas, luchar para que los meseros lo atiendan, nadie mueve un dedo, el toque lo arman literalmente solos. La misma novia se ofrece a cobrar en la entrada, en fin, todo sale adelante. Algunos desperfectos en el sonido, usual, algunas pequeñas equivocaciones de algunos integrantes, disimulados por la estridencia y la bulla de la gente. ¡Lo lograron! llegaron más de 50 personas. Algunos, luego del toque le comentan que los precios están un poco caros, que los meseros tardaban mucho en llevar el trago de cortesía incluido en el cover y que no dejaban de aclarar que el consumo mínimo era de Q50.

 LAS CUENTAS FINALES

En fin, el dueño del bar lo felicita por tocar tan bien, aunque aclara que no llegó toda la gente que esperaba, pero que todo salió bien. 62 personas llegaron, equivalente a casi Q650 de ganancia para el músico. "Nada mal, pensó nuestro héroe, con eso cubrimos el sonido y nos repartimos como Q100 cada banda". El dueño le dice que llegue esa semana con la factura para darle su dinero. ¿Factura? ¿Cuál factura? Sí, la factura en la que el dueño justifica sus "gastos" para poder darle Q650 al músico, así que hay que hacerle un pequeño descuento de impuestos, y además, le servirá de declaración impositiva a alguien que no movió un solo dedo para el toque. Recibió solo de entradas más de Q1,200 que no declarará y del consumo mínimo de 62 personas, al menos se había embuchado otros Q3,100. Así que el dueño del bar, sin hacer nada ganó más de Q4,000 mientras la banda se quedará, con Q100 si bien les va.

En fin, el músico regresa el viernes siguiente, luego de salir del chance, lucha un resto en la entrada para que le dejen entrar sin pagar cover. Lleva su factura, con un poco de molestia juntan el dinero que se les debe a los músicos. Mientras espera, observa a la banda que toca esa noche. Está repleto el bar, quizá más de 100 personas. Hay carcajadas, meseros yendo y viniendo, nota que nadie, en absoluto presta atención al músico. La gente llegó a pasarla bien, a conectar, a chupar, pero la música es solo música de fondo. Recibe su dinero por fin. "Y quedose sin voz por la noche el cantor..." realmente considera si esos Q100 (menos la gasolina) valen la pena el sacrificio. Sabe que sí, pero quién sabe si sus compañeros puedan aguantar este tipo de tratos. Se retira del bar, no quiere saber nada de música de bares por el momento.

Esta es solo una historia, algunos sí siguieron perseverando, algunos tiraron la toalla después de un par de tratos más como este. Cualquier parecido con la realidad, créanme, es lo más usual en nuestra vida citadina de músicos.